jueves 26 de junio de 2008

Entrevista a Umberto Eco


La Repubblica, agosto 2006

Hace 25 años, Umberto Eco publicó "El nombre de la rosa", libro apasionante y erudito que recorre, a modo de novela policial, los problemas filosóficos centrales de la Edad Media. En esta charla, responde preguntas frecuentes: ¿cómo explicar la popularidad de una obra con profusos, intraducidos párrafos en latín?, por ejemplo. Además, cuenta algunos secretos del libro y muestra los dibujos que bocetaron y dieron forma y nombre al fenómeno de esa rosa.


Hace veinticinco años, pocos habrían imaginado que una novela cargada de ironía y de doctrina, sorprendente en su amplitud y erudición, a mitad de camino entre lo teológico y lo policial, se convertiría en lo que todo escritor espera que suceda pero no confiaría ni siquiera a su mamá: el sueño de 15 millones de ejemplares.

El nombre de la rosa fue eso. Pero también otra cosa, agregaría. Tratemos de imaginar al autor. Un señor de cincuenta años que un buen día decide dedicarse a la narrativa y lo hace de la manera más arriesgada. ¿Qué lector tendrá la voluntad penitencial de leer una crónica medieval novelada, salpicada sí de delitos e intrigas, pero también llena de difíciles citas en latín y controversias teológicas? Tiene que estar un poco loco este semiólogo, de cierta fama internacional, para ambientar su historia en la primera mitad del siglo XIV y elegir como lugar de la acción una abadía aislada, atrincherada en las pendientes de una montaña del norte de Italia.

Cuando no enseña en la universidad, cuando no toca la flauta dulce, o cuando no inventa divertidos juegos de palabras, se encierra en una austera biblioteca donde compulsa tratados medievales, crónicas de herejes, libros sobre historias menores y desconocidas. Se ha dado cuenta de que la experiencia a la que quiere dar cuerpo y alma es más compleja de lo que imaginaba. Y pensar que todo nació como una broma, un desafío, un pasatiempo, una parodia. Ahora descubre que para contar no basta con la fantasía, no basta con su bella tesis sobre Tomás de Aquino. Hacen falta paciencia, escrúpulo, preparación. Se siente como un atleta que cambia de especialidad. La empresa le da resultado. Ocho meses después de la publicación del libro, exactamente el 9 de julio de 1981, El nombre de la rosa, gana el premio Strega. Es un reconocimiento que consagra un libro que ya vendió 300 mil ejemplares y está a punto de convertirse en un caso mediático de proporciones monstruosas. Más tarde aprendimos a conocer el talento narrativo de ese profesor, y la rara capacidad de hacer convivir felizmente al estudioso y al novelista. No obstante, pasados veinticinco años subsiste el misterio del hombre que supo darle el nombre justo a la rosa.

Por eso voy a ver a Umberto Eco a su casa milanesa, para comprender la parte menos visible de su éxito, el trabajo que requirió, las huellas que dejó. De un lugar poco accesible, en lo alto de la inmensa biblioteca saca un sobre con los dibujos originales de la novela. Dice: "En realidad, una biblioteca estadounidense quiso comprarlos, pero me resistí". Eco se baja de la escalera, apoya la carpeta y se dirige a otro lugar de la biblioteca. La mano toma con firmeza un tomo del Traité des poisons (Tratado de los venenos). El libro tiene casi dos siglos, edición Crochard, 1815. "Se lo compré por unos pocos francos a un bouquiniste del Sena; pensé que encontraría una idea para ambientar los homicidios que tienen lugar en la abadía".

Sorpresivamente, abre una habitación cerrada con llave. "Aquí están los libros que fui consultando para las sucesivas novelas." Tiene todo el aspecto de ser un estudio secreto, un espacio poco iluminado, pero sugestivo. Sobre la mesa hay un atril con las planchas originales de una historieta. En las paredes, textos raros: investigaciones sobre Rosacruz, primeras ediciones de Ulisse Aldrovandi. En el estante de la biblioteca, dentro de un recipiente cilíndrico de vidrio, flotan, irreconocibles, los testículos de un perro. Eco sonríe: "Los menciono en mi última novela". Pero es tiempo de volver a la primera.

- —¿Qué es lo que no sabemos todavía de El nombre de la rosa?

- —Todos piensan que la novela fue escrita en computadora, o que usé máquina de escribir. En realidad, la primera versión fue hecha con lapicera. Pero recuerdo que pasé un año entero sin escribir una sola línea. Leía, hacía dibujos, diagramas, en suma, inventaba un mundo. Dibujé cientos de laberintos y plantas de abadías, basándome en otros dibujos, y en lugares que visitaba.

- —¿Por qué esa exigencia visual?

- —Era una manera de tomarle confianza al ambiente que estaba imaginando. Por ejemplo, necesitaba saber cuánto tardaban dos personajes en ir de un lugar a otro. Y eso definía también la duración de los diálogos que, por otra parte, no estaba tan seguro de poder lograr.

- —Entiendo los lugares, pero ¿por qué dibujar también a los monjes de la abadía?

- —Necesitaba reconocer a mis personajes, mientras los hacía hablar o actuar, de lo contrario no habría sabido qué hacerles decir.

- —Dos años después de la publicación de la novela, usted agrega un apéndice con las - Apostillas al nombre de la rosa - , abandonando así su idea de que una novela camina por su cuenta y el autor debe desinteresarse.
- —Podría responder que en ese momento tenía en mente las explicaciones que Thomas Mann había tratado de dar del Doctor Faustus . Pero la verdad es que habían surgido muchos debates alrededor de la novela. Y en mi apostilla, si se lee con atención, se verá que mis consideraciones son externas al libro.

- —A veces da la sensación de que usted no soporta más la repercusión que tuvo la novela. ¿Se siente asediado?
- —Es fatal sentirse acorralado. Por otro lado, constatar que en torno de El nombre de la rosa se editaron miles de páginas de crítica, centenares de ensayos, libros y textos de monografías —la última me llegó la semana pasada— me hace sentir bastante obligado a pronunciarme sobre algunas cuestiones de poética. Es legítimo que un autor declare cómo trabaja, mientras que la crítica interviene respecto del modo en que se lee un libro.

- —¿El hecho, entonces, de que - El nombre de la rosa - sea una obra "abierta" depende más de los otros que de usted?

—Depende de la novela y no de lo que digo después. Si bien hago alusión, como en las apostillas, a lo posmoderno, no hay nada que obligue a leer el libro de determinada manera.

- —Llamaba la atención, en esas páginas de explicación, el uso reductivo que usted hacía del término "posmoderno".
- —El hecho es que "posmoderno" es una especie de paraguas que termina por cubrir todo. Fue inventado en arquitectura y después lo usó la literatura. En los Estados Unidos tenía un significado diferente del que encontramos en Francia en los libros de Lyotard. Como ve, es un lío. Si queremos restringir el significado, y yo citaba a John Barth, es necesario ir a la Segunda Intempestiva , donde Nietzsche sostiene que estamos tan cargados de historia que podríamos morirnos a menos que la releamos irónicamente.

- —¿Podría decirse que con - El nombre de la rosa - usted realizó una operación moderna irónica sobre un gran fresco medieval?

—Digamos, como sucede con otras obras, que mi novela puede tener dos o más niveles de lectura. Si la comienzo diciendo: "Era una noche oscura y tormentosa" el lector ingenuo , que no comprende la referencia a Snoopy, gozará en un nivel elemental, y la cosa puede terminar ahí. Después está el lector de segundo nivel que capta la referencia, la cita, el juego y por lo tanto sabe que se está haciendo, sobre todo, ironía. Llegado a ese punto, podría agregar un tercer nivel, dado que el mes pasado descubrí que la frase es el incipit de una novela de Bulwer-Lytton, el autor de los Ultimos días de Pompeya . Es obvio que también Snoopy estaba probablemente citando.

- —La sutil ironía literaria, hecha de citas, referencias, alusiones es un homenaje a la inteligencia pura. Pero, ¿no existe el riesgo de que la elaboración de la página termine teniendo poca narración y mucha cabeza?
- —No son asuntos míos. Yo puedo ocuparme legítimamente de apostillas, de esta charla, del hecho de que la novela fue escrita en una época en la que se hablaba mucho de dialogismo intertextual y de Bajtin. Si después usted señala que de esa manera muy pocos la leerán, yo le respondo: es cosa del lector, no mía.

- —Es una afirmación muy perentoria.

- —La verdad es que cuando salió El nombre de la rosa fui sometido a una auténtica ducha escocesa. ¿Por qué hizo un libro difícil que nadie entiende? Y yo respondo como el guerrero africano de Hugo Pratt: porque me gusta. ¿Y entonces por qué hizo un libro popular que todos quieren leer? Pongámonos de acuerdo, ¿es difícil o popular?

- —Paradójicamente es ambas cosas.

—En ese sentido, propondría un planteo interesante: hoy es popular un libro difícil porque está naciendo una generación de lectores que quiere que la desafíen.

- —Es una explicación sociológica.

—De acuerdo, aunque es mejor que jugar con la idea contradictoria del libro difícil pero popular.

- —A mí me parece una novela que gratifica a las personas. Las hace sentir más cultas de lo que son.
- —No estoy tan seguro. El lector ingenuo que confiesa qué frustración enorme es no haber comprendido las citas en latín, no se siente en absoluto gratificado. O deberíamos llegar a la conclusión de que es un tipo de lector que disfruta sintiéndose estúpido.

- —Digamos que advierte un problema y se lo plantea.

—Y ese es un modo diferente de reformular mi hipótesis, o sea que hay una categoría de lectores que desea una aventura literaria más exigente. ¿Cómo sobrevivirían, si no, muchos escritores contemporáneos?

- —Tengo la impresión de que usted busca una respuesta a un problema insondable. ¿Qué decreta el éxito de un libro como - El nombre de la rosa - ? Reconocerá que en definitiva tiene algo de misterioso.
- —Es cierto, yo estoy buscando explicaciones. Pero sólo porque usted me lo pide. Si de mí dependiera, prescindiría de eso. Lo que sé y que comprendí es que si El nombre de la rosa hubiera salido diez años antes, tal vez nadie se habría enterado, y si salía diez años después, tal vez habría sido igualmente ignorado.

- —Hay un ejemplo que tenemos ante nuestros ojos hoy: - El Código da Vinci - de Dan Brown. ¿Considera que si hubiera salido en otro momento no habría tenido el mismo éxito?

—Dudo que, de haber salido estando Paulo VI, El Código da Vinci hubiera interesado a la gente. La explicación del fenómeno que se generó en torno de una novela policial, en definitiva bastante modesta, es que remite quizás a la gran teatralización de los hechos religiosos ocurrida durante el pontificado de Juan Pablo II. En la novela de Dan Brown hubo una inversión teológica de parte de la gente. Digámoslo de esta manera: escribió un libro que salió en el momento justo.

- —Es precisamente la idea de "momento justo" la que tiene algo de insondable.
- —Creo en el Zeitgeist , en ese espíritu del tiempo que permite percibir las cosas y gracias al cual uno recibe incitaciones que se traducen en algo completo y definido. De lo contrario, no podría explicarme por qué precisamente en 1978, y no antes, se me ocurrió hacer El nombre de la rosa . Aunque debo reconocer que ya en tiempos del Gruppo 63 había pensado en escribir una novela.

- —¿Qué forma pensaba darle?

—Imaginaba un colage de obras salgarianas: la tormenta en Mompracem, un diamante grande como una nuez, las pistolas con la culata llena de arabescos. En suma, una operación irónica sobre la literatura.

- —¿Por qué abandonó la idea?

—Sentía que no era el momento apropiado y debía dejar reposar la idea.

- —En el fondo, hizo una operación análoga algunos años después con - El nombre de la rosa - . ¿Por qué eligió ese título?

—Era el último de una lista que incluía entre otros La abadía del delito , Adso de Melk , etcétera. Todos los que leían la lista decían que El nombre de la rosa era el mejor.

- —Es también el cierre de la novela, la cita latina.

—Que yo inserté para despistar al lector. Pero el lector lo que hizo fue seguir todos los valores simbólicos de la rosa, que son muchísimos.

- —¿Le molesta el exceso de interpretación?

- —No, soy de los que piensan que a menudo el libro es más inteligente que su autor. El lector puede encontrar referencias que el autor no había pensado. No creo tener derecho a impedir que se saquen ciertas conclusiones. Pero tengo el derecho de obstaculizar que se saquen otras.

- —Explíquelo un poco mejor.

—Los que, por ejemplo, en la "rosa" encontraron una referencia al verso de Shakespeare "a rose by any other name", se equivocan. Mi cita significa que las cosas dejan de existir y quedan solamente las palabras. Shakespeare dice exactamente lo opuesto: las palabras no cuentan para nada, la rosa sería una rosa con cualquier nombre.

- —La imagen de la rosa termina la novela. Pero el verdadero problema para un escritor, sobre todo si es debutante, es cómo iniciarla. ¿Con qué disposición mental, con qué dudas se puso frente a la primera página?
- —En un primer momento la idea era escribir una especie de policial. Después, me di cuenta de que mis novelas nunca empezaron a partir de un proyecto, sino de una imagen. Y en la imagen que se me aparecía me recordaba a mí mismo en la Abadía de Santa Escolástica, frente a un atril enorme donde leía las Acta Sanctorum y me divertía como loco. De ahí la idea de imaginar a un benedictino en un monasterio que mientras lee la colección encuadernada del manifesto muere fulminado.

- —Un homenaje irónico a la actualidad.

—Demasiado actual, y entonces pensé que sería mejor retrotraer todo al medioevo. La idea de que un fraile muriera hojeando un libro envenenado me parecía eficaz.

- —¿Cómo se le ocurrió?

- —Pensaba que era una creación de mi fantasía. Después descubrí que existe ya en las Mil y una noches y que Dumas la había copiado en el ciclo de los Valois. O sea que es un viejo topos literario. Siendo un narrador de citas, me divirtió.

- —Usted al principio mencionaba el - Tratado sobre los venenos - del catalán Mateu Orfila. ¿Realmente pensaba que encontraría allí una respuesta a sus dilemas toxicológicos?

—Fue un intento, pero el libro resultó inservible. Entonces le pedí ayuda a un amigo mío químico. Le escribí una carta muy detallada. Después le pedí que la tirara, no sea cosa que cualquier día alguien que conozco muera por accidente envenenado del mismo modo, encuentran la carta y me dan treinta años de cárcel.

- —En un primer momento usted no tenía intención de darle - El nombre de la rosa - a Bompiani.
- —Era la editorial en la que había trabajado y publicado todos mis libros. Es evidente que la habrían tomado sin abrirla. Pero en un primer momento pensé entregársela a Franco Maria Ricci. Pensaba en una tirada de mil ejemplares en una encuadernación fina.

- —¿Y en cambio?

—Corrió el rumor de que Eco había escrito una novela. Primero me llamó por teléfono Giulio Einaudi, después, me parece, Paolini de Mondadori. La tomaban sin discutir. A esa altura ya daba lo mismo que la publicara con mi editor.

- —En Francia la novela salió en Grasset, después de haber sido rechazada por Seuil. ¿A qué se debió el rechazo?
- —Seuil había publicado Opera aperta . Fran©ois Wahl, que era el director editorial, me pidió el manuscrito. Debió pensar que no soy precisamente un desconocido. El hecho es que recibí una carta en la que me escribía: "Estimado Umberto, la novela es interesante, pero la ballena es demasiado grande para hacerla caminar". Grasset tomó el libro y con Wahl seguimos siendo amigos.

- —Para ser una novela de nicho no está mal. - El nombre de la rosa - se publicó en 35 países. ¿Qué sensación le da saberse consagrado a nivel internacional?

—Más que la fama, que de todas maneras no hace mal, mi gratifican las cartas de los lectores. Y desde ese punto de vista, Estados Unidos fue una verdadera sorpresa. Me escribían no solamente de San Francisco o Nueva York sino del Midwest. Uno escribió diciendo que el solo hecho de haber nombrado a Eckhart, el gran místico, le traía a la memoria un antepasado suyo europeo con el mismo nombre. Para muchos de ellos, era una manera de conocer sus propios orígenes.

- —Es gracioso. Sale con la idea de hacer una novela de mil ejemplares y llega a vender millones. Pero el éxito puso a la crítica en su contra.

—Se llegó al punto cómico en que un crítico que había reseñado el libro enseguida y a favor, posteriormente tomó distancia.


- —Usted salía de la experiencia del vanguardista Gruppo 63. No creo que los integrantes recibieran muy bien su novela. Sanguineti dijo que su sonrisa franciscana le recordaba la sonrisa de la acción católica.
- —Si es por eso, también Manganelli expresó reservas similares sobre la novela. A propósito de la sonrisa, recuerdo que en esa época yo decía que antes de morir quería escribir un libro fundamental de estética de la risa que intentaría de todas las maneras posibles no publicar. Así después de mi muerte se harían muchas tesis de graduación sobre ese libro fantasma.

- —¿Lo que volveremos a encontrar en la novela es la idea del capítulo desaparecido de la - Poética - de Aristóteles?
- —De alguna manera.

- —Volvamos a la crítica. No lo veo afectado por el distanciamiento del Gruppo 63.
- —Mi opinión es que si no hubiera existido el Gruppo 63 yo no habría escrito El nombre de la rosa . Y si de todos modos hubiera escrito una novela, la habría escrito probablemente como Carlo Cassola. O, si me iba bien, como el primer Calvino. Al Gruppo 63 le debo la propensión a la aventura otra , al gusto por las citas y al colage. Con una diferencia: ellos eran minimalistas. Mientras que yo he tratado de impulsar la literatura a una dimensión maximalista. Nos unía, en todo caso, el mismo gusto.

- —Con "maximalismo" ¿se refiere a su propensión al gusto por la deformación paródica?

- —¿Qué es, por ejemplo, Diario mínimo si no un juego literario de pastiches y deformaciones? Forma parte de mi clave, no sabría hacer otras cosas. Nunca habría podido escribir El molino del Po . Me siento más cómodo con Palazzeschi que con Bacchelli. Siempre he sido un escritor paródico.

- —Tal vez por eso la crítica nunca lo quiso. ¿Qué fiabilidad tiene un crítico? Se lo pregunto porque en el fondo usted también, en cierto modo, es de la partida.

- —No soy un crítico. Analizo libros para poner a prueba teorías literarias, no para decir si son buenos o malos. No es que la crítica no me haya querido nunca, hay reseñas y ensayos que me han dado muchísimo placer. Pero es que sobre mí he leído de todo. Y mire que soy lo bastante equilibrado como para escandalizarme también por una reseña que es positiva por las razones equivocadas.

- —¿Cómo reacciona a una crítica negativa?

—No me hago ningún drama. Cuando me doy cuenta de que se puede decir lo contrario de todo, entonces llego a la conclusión de que la crítica es una simple reacción de gusto.

- —¿Cómo hace, siendo un intelectual que ama las reglas y la claridad, para tener una gran curiosidad por lo deforme, lo monstruoso, lo irracional?

—Me viene a la mente la comedia de Govi Colpi di timone . Haciendo girar el timón se zigzaguea. Zigzaguear es viajar contra el viento: un poco hacia un lado otro poco hacia el otro. Considero que la poética del zigzagueo forma parte de mi actividad intelectual. Puedo escribir un ensayo sobre Tomás de Aquino y acto seguido una parodia sobre el mismo tema. Justamente como girar el timón. Zigzagueo para no tomarme demasiado en serio lo que hago. Dicho esto, ¿le haría una pregunta así a Rabelais? Le preguntaría: "¿Por qué te gusta lo deforme?" El respondería: "Porque soy Rabelais". Mientras que al pobre Tasso nadie le haría semejante pregunta.

- —Se nace escritor teniendo dentro cierta idea del mundo. Usted escribió cinco novelas. - El nombre de la rosa - vendió en Italia 5 millones de ejemplares; - El péndulo de Foucault - , 2 millones, después un millón y medio las otras dos; por último, 500 mil ejemplares con - La misteriosa llama de la Reina Loana - . Que su mayor éxito haya sido la novela inicial, ¿qué le hace pensar?

- —Hay autores afortunados que alcanzan el pico de ventas al final de su vida y autores desgraciados que lo alcanzan al comienzo. Cuando se vende tanto al comienzo, después por más que escriba La Divina Comedia nunca más se alcanzan esas cifras.

- —¿Considera como una especie de condena el hecho de que, haga lo que haga, se volverá siempre indefectiblemente a - El nombre de la rosa - ?

- —Lo es sin ninguna duda. Pero también es una ley de la sociología del gusto, o mejor dicho, de la sociología de la fama. Si uno se hace famoso por haber matado a Billy de Kid, cualquier cosa que haga después —desde llegar a ser presidente de Estados Unidos, hasta descubrir la penicilina— a los ojos de la gente seguirá siendo siempre "el que mató a Billy de Kid".

por Antonio Gnoll

(c) La Repubblica

martes 24 de junio de 2008

Architecture in Helsinki



Concierto para llevar
la blogotheque

Architecture in Helsinki es un conjunto musical de Indie pop-avant-garde australiano, proveniente de los suburbios de Norticote, en Melbourne. El grupo está integrado por: Cameron Bird, James Cecil, Gus Franklin, Isobel Knowles, Jamie Mildren, Sam Perry, Tara Shackell, y Kellie Sutherland.

La mayoría de sus miembros pueden tocar múltiples instrumentos. La música de Architecture in Helsinki se caracteriza por una gran variedad de sonidos, obtenidos a través de medios electrónicos y por la experimentación con gran cantidad de instrumentos, incluyendo instrumentos de viento-metal, flautas, sintetizadores analógicos[1], samplers, un glockenspiel (también conocido com Lira), una tuba, un clarinete, un trombón, trompetas e instrumentos más frecuentes como batería, guitarra y bajo. Su último álbum, In Case We Die (2005) fue grabado con 41 instrumentos.[1]

Architecture In Helsinki comenzó a tocar alrededor del año 2000, tocando frecuentemente en multiples giras nacionales y algunas internacionales. Han girado por EE. UU. con bandas como Death Cab for Cutie y Clap Your Hands Say Yeah y abierto shows para artistas como David Byrne, The Polyphonic Spree, Yo La Tengo y Belle & Sebastian.

Mercy wikypedia!

Entrevista a Leopoldo María Panero


Leopoldo María Panero (Madrid, 1948), hijo de Leopoldo Panero y Felicidad Blanc. Precoz y maldito. A la edad de cinco años sorprendía a Dámaso Alonso con sus composiciones poéticas. En los ’60 debió ser internado varias veces en hospitales psiquiátricos, por excesos de drogas e intentos de suicidio. Más tarde diría: “Me autodestruyo para saber que soy yo y no todos los demás”. Pertenece, en España, a la generación del ’70, donde figuran autores como Pere Gimferrer, Manuel Vázquez Montalbán, José Miguel Ullán y Félix de Azúa, entre otros. En 2001 la Editorial Visor de España publicó su Poesía Completa 1970 –2000, bajo la edición de Túa Blesa. El año recién pasado dio a conocer Esquizofrénicas o la balada de la lámpara azul, con el sello de poesía Hiperión, Madrid, España.

Panero tiene más de 14 libros de poemas publicados, algunos ensayos, traducciones y relatos. El año pasado estuvo en Chile a raíz del encuentro Factor Poesía, organizado por la Universidad Finis Terrae. Por indicación médica, no puede viajar solo y por ello en dicha travesía lo acompañó el poeta chileno Bruno Montané. Aquí compartió con jóvenes admiradores, e incluso fue a Las Cruces y estuvo con Nicanor Parra. Al preguntarle por la poesía nacional, dice: “Me gusta más Góngora que Neruda”; pero casi de inmediato recuerda dos versos del poema de Residencia en la tierra, “Tango del viudo”: “Y oírte orinar, al fondo de la casa, / como vertiendo miel delgada, trémula, argentina, obstinada”.

Es Panero, quien no solo recita a Pablo Neruda sino que también poemas completos de Stéphane Mallarmé, Ezra Pound, Francois Villon, Gerard de Nerval o Charles Baudelaire. Dice que es la reencarnación de este último. Su vida ha sido un peregrinar por distintas clínicas de alienados. Algo de eso conversamos, en una tranquila mañana de fines de noviembre. No es fácil entrevistarlo, por el alto nivel de sedación a que está sometido. Con todo, tiene permanentes fogonazos de lucidez. Fuma como un condenado a muerte y se declara dipsómano como Edgar Allan Poe. Para muchos es el mejor poeta vivo de España. Sin embargo, no es ampliamente leído por las nuevas generaciones. Él mismo reconoce: “Nunca ha ido un poeta joven a visitarme al manicomio de Las Palmas. Desconozco lo que escriben”. A la hora de partir tuvo nostalgia por Chile. Aquí se plasman algunas de sus inquietudes.

- ¿Quién es Leopoldo María Panero?
- No sé. Me conozco a mí mismo y me parezco a Francis Scott Fitzgerald; eso es todo. Cuando nadie puede hablar de su vida, saber quién es, la existencia sencillamente se hace infructuosa.

- ¿Cuándo fue la primera vez que estuviste internado en una clínica psiquiátrica?
- En Barcelona, por un intento de suicidio que tuve. Allí leí el libro de un psiquiatra católico, un tal Baruch. Fue el primero que abogó en contra de la aplicación del electroshock. Hablaba en pro de un apoyo moral al enfermo, en lugar de tanto rollo con el psicoanálisis. Y como decía Eurípides: “La idea es perderse, si no te vuelven loco”.

- Tú dijiste que las clínicas psiquiátricas son sistemas carcelarios, porque al paciente lo estarían interrogando constantemente…
- Está “en el eterno derecho de la no posible apelación”, como diría Foucault. Los psiquiatras son como los detectives. Su interrogatorio utiliza las mismas técnicas que el policial; el psiquiatra piensa, infaliblemente, que su víctima miente.

- ¿Qué piensas de la esquizofrenia?
- El rechinar de la mandíbula del llamado esquizofrénico –como lo señalé en el prólogo a mi libro de poemas Teoría del miedo, el año 2001– y su risa inexplicable son actos ‘canibálicos’ como el poema quisiera ser: un acto ‘canibálico’; un intervalo en la desesperación, como un porro que suspende la vida.

Todo sobre el pecado

- En 1992 publicaste el poemario Piedra negra o del temblar. Allí hay un poema titulado Yo, Francois Villon, que es una adaptación del texto escrito por el bardo francés del siglo XVI. ¿Lo recuerdas?
- Recuerdo parte del texto: “Yo, Francois Villon, a los cincuenta y un años / gordo y corpulento, de labios color ceniza / y mejillas que el vino amoratara, / a una cuerda ahorcado / lo sé todo acerca del pecado”. En España es el poema más sacrílego de todos los tiempos. Hay que ser el anticristo y el demonio para que no se lo carguen a uno en ese país de nazis.

- ¿Crees en la inspiración o en la matemática del verso?
- Creo en la matemática del verso. Esto me recuerda las siguientes líneas de Mallarmé: “Porque yo instalo con la ciencia / el himno de los coros espirituales”. Entonces, la literatura es un trabajo y se nutre de la lectura, no de la inspiración. Yo escribo poesía técnicamente. Aquí va un ejemplo: “Soy un excremento de tus pies corocos y tal…”. En fin, el poema es la prueba de mi existencia.

- ¿Qué estás escribiendo ahora?
Un libro con Félix Caballero; un cadáver exquisito.

- ¿Qué poetas españoles de tu generación te gustan?
- Félix de Azúa, Antonio Colinas y Pere Gimferrer. Luis Antonio de Villena junto a Eduardo Calvo, Luis Alberto Cuenca y Ramón Mayrata fueron las caras visibles de El espejo del amor y la muerte (1971), antología compilada por Antonio Prieto y prologada por Vicente Aleixandre. Ese volumen no es más que un espejo bizarro de los Nueve novísimos (1970), de José María Castellet. En la recopilación de 1971 está Villena. Él no me gusta porque es el Pere Gimferrer bizarro. Además, criticó duramente mi último libro, centrándose en la persona y no en el poema. Sin embargo, debo reconocer que hace tiempo que no leo a mis contemporáneos.

- En una entrevista que concediste a Babelia, suplemento del diario El País, en el año 2001, dijiste: “Estoy harto de ser Leopoldo María Panero”. ¿Por qué?
- Es verdad. Estoy de mí hasta el puto culo. Está escrito que voy a suicidarme algún día, pero no por ahora. Richard Castell escribió en su “Oda al psiquiátrico”: “Hay que interrogarse como en un secuestro de alienados”.

- ¿Qué es la muerte para ti?
Un estado de conciencia. Cuando murió mi madre la traté de resucitar con respiración boca a boca, que es una resurrección hindú. Fue muy doloroso.

- ¿Qué nos puedes decir de tu padre?
Mi madre decía que si se hubiera enterado de que yo era miembro del partido revolucionario trotskista y además marica, me habría echado de la casa. Leopoldo Panero murió cuando yo tenía 14 años. Recuerdo parte de su epitafio: “Amó mucho / y bebió mucho y ahora, / vendados sus ojos, / espera la resurrección de la carne / aquí, bajo esta piedra”.

- ¿Qué recuerdos te llevas de Chile?
La vida de Panero y los muchos amigos que he hecho aquí. Es la primera vez que cruzo el charco.

- ¿Te gustaría recibir el Premio Nobel de Literatura?
Por poco lo recibo este año. Siempre lo estoy esperando, como Jorge Luis Borges. Cuando lo gane, iré a Estocolmo y de ahí a París, a emborracharme al Café Flore donde se embriagaba Oscar Wilde.

Por Francisco Véjar
En Rocinante, N°84, Octubre 2005.

domingo 22 de junio de 2008

Marcas, por Juan Gelman


La del vestido blanco era una tarde unas tetas el mundo
torpemente atacado por cuartos altos grises
jugando a hombre y a mujer ya tan temprano
los niños preparaban los actos de la noche esas tetas
de inclinada a su mujer con alarmas entregas con rumores
de la pasión bajo su miedo y un falo que indicaba las leyes del varón
tetas dulcísimas o dadas
donde sonaba un piano un espectáculo redondo en su mudez
piano de leche abierta a los terrores de códigos violados
dos niños como un ciego
procuraban sus límites inciertos sus piedras sus fronteras
creaban la tristeza la magnífica que viene del amor
la gran clausura la delicia
carne como una inmensidad
y un silencio de sangre su oleaje contra el tímpano
la ajenidad del mundo
las tías que invitaban a comer

David Byrne, Playing the building



Creative Time presents Playing the building, a sound installation in which the infrastructure, the physical plant of the building, is converted into a giant musical instrument. Devices are attached to the building structure — to the metal beams and pillars, the heating pipes, the water pipes — and are used to make these things produce sound. The activations are of three types: wind, vibration, striking. The devices do not produce sound themselves, but they cause the building elements to vibrate, resonate and oscillate so that the building itself becomes a very large musical instrument.

Charlot Gainsbourg, 5:55



Nace en Londres, 21 de Julio de 1971, actriz y cantante francesa, hija de Serge Gainsbourg y Jane Birkin, empezó su carrera cinematográfica muy temprano impulsada por su madre. Está casada con Yvan Attal, actor y director con quien tiene dos hijos. Ha participado en distintas producciones en inglés y francés.

En 1984, Jane Birkin, de gira con La Pirate de Jacques Doillon, incita a su hija a pasar el cásting de Eli Chouraqui para Paroles et musique, obteniendo así su primer papel con 13 años. El año siguiente, Jacques Doillon le ofrece algunas frases en La Tentation d'Isabelle que le sirven para que se fije en ella Claude Miller, quien le da un papel en su film L'Effrontée. Esta actuación le valió un César en 1985. Trabaja luego con su padre (Charlotte For Ever en 1986) y luego con su madre (Kung Fu Master ! en 1987). En 1988, Claude Miller la llama de nuevo para su película La Petite Voleuse, guión de François Truffaut. Pero fue con Merci la vie de Bertrand Blier cuando se decide alfinal por ser actriz.

Paradójicamente, en ese momento su carrera empieza a estancarse, a pesar de que vuelve a trabajar con Jacques Doillon enAmoureuse. La vuelve a retomar en 2001 con dos películas de su marido Ma femme est une actrice y Ils se marièrent et eurent beaucoup d'enfants y 21 gramos junto a Sean Penn

Su primera interpretación aparece en el disco de Serge Gainsbourg, Love on the beat, en 1983, donde cantan el dueto Lemon incest. Un videoclip en el que aparece acostada junto a su padre, acaba de completar esta ambigüedad, las palabras evocaban "l'amour que nous ne ferons jamais ensemble" (el amor que nunca haremos juntos).

En 1986, saca el álbum Charlotte for Ever en el que asumiendo una adolescencia difícil, canta canciones para provocar: Charlotte for ever, Plus doux avec moi (les deux en duo avec Serge), Élastique, Zéro pointé vers l'infini.

No vuelve a cantar en 8 años hasta que se embarca en la aventura de Enfoirés, cantores de les Restos du Cœur: en 1994, en el show Les Enfoirés au grand Rex, canta Di doo dah, compuesta por sus padres, Un autre monde de Téléphone y La chanson des restos de Jean-Jacques Goldman. Vuelve en 2001 con les Restos du Cœur en 2001: L'odyssée des Enfoirés, donde entre otras canta la canción de Renaud, Manu, con Marc Lavoine, Julien Clerc y Thierry Lhermitte.

En 1996, participa en la banda sonora de Love, etc.. En 2000, aparece en Music de Madonna al principio de What it feels like for a girl, que contienen parte de lo que dijo en la película The Cement Garden. Hizo un dúo en If con Étienne Daho, en su álbum Réévolution (2003). En 2005, participó en la banda sonora de L'un reste, l'autre part, con una canción con el mismo título.

En 2006 sale "5:55" en colaboración con el grupo Air, Jarvis Cocker, Nigel Godrich, Tony Allen, David Campbell y Neil Hannon de The Divine Comedy.




Bajate 5:55 (Click), si te gustó, corré a comprarlo.

sábado 21 de junio de 2008

Carta, un poema de María Marta Smokvina

video

Terra Naomi, "Under Influence"


Terra Naomi es una artista independiente estadounidense de música Pop/Rock/Alternativa/Indie, que se lanzó a la fama con su actuación de su tema "Say It's Possible" en YouTube, una popular página de videos online. Es originaria del estado de Nueva York, pero actualmente residente en Londres, Reino Unido. Escribe y canta sus propias canciones, acompañadas de guitarra o piano.

Se dio a conocer internacionalmente al subir sus propias grabaciones a su videoblog[1] en la web YouTube, donde aparecía cantando sus composiciones. Con su canción Say It's Possible[2] ganaría el premio a la mejor actuación musical de los YouTube Video Awards de 2006.

Escuchá "Under the influence" (click)
disco de 2007. Si te gusta compralo.


Malena Muyala, "Puro verso" y "Temas pendientes"


Escuchar a Malena Muyala es tomar conciencia de que el tango ya no admite clichés. Malena te conmueve, te desarma, hace que el tango le llegue hasta el último analfabeto en materia de 2x4. Conocé a Malena Muyala, enterate de quién se trata, te ponemos a disposición sus dos discos, para que los escuches y vayas, en cuanto puedas, a comprarlo. Si te cabía alguna duda de que Muyala es tango...sí, claro...si se llama Malena!...

En el año 1991 gana el Primer Certamen Nacional de Tango del Uruguay, entre 350 participantes de todo el país, y desde allí se presenta en numerosos Festivales y eventos entre los que se destacan el 5to Festival de Tango en el Teatro Solís, previo a la presentación del Maestro Osvaldo Pugliese, Primer Festival uruguayo en Atenas, Grecia, 3era Cumbre Mundial del Tango, 7mo Festival de Tango de Granada, España, VI y IX Festival de Tango de Buenos Aires, XVII Festival de Tango de La Falda en Córdoba, Argentina, “Homenaje a Carlos Gardel” en la ciudad de Caracas, Venezuela, dos años consecutivos en el “Festival de Jazz de Lapataia de Punta del Este”, etc.

Cuenta con dos discos editados en Uruguay, “Temas pendientes” (1998) y “Puro verso” (2000), ambos distinguidos por la Cámara Uruguaya del Disco con “Disco de Oro” por su volumen de ventas. Es así la primera intérprete del género en recibir esta distinción.

Fue la primera mujer en la música uruguaya en recibir la distinción de “Mujer del Año” y “Joven Sobresaliente”.
También recibió dos premios “Iris”, distinción otorgada por el diario “El País” a los artistas destacados .

Es madrina de los proyectos “Esperando salir”, disco grabado con composiciones de los menores del INAU y “La vida bienvenida” de la Fundación Alvarez Caldeyro Barcia.

Ha tenido participación en discos de Jaime Roos, tributo a Jorginho Gularte y “Bajo fondo Tango Club” ganador del premio Grammy latino 2003 en género pop.

Desde hace tres años realiza la Gira “Música de Sol a Sol” que recorre los balnearios uruguayos con apoyo de empresas nacionales y es artista invitada a participar de los eventos realizados por los Ministerios de Turismo, Educación y Cultura e Intendencias municipales.

Dedica gran parte del año 2006, en el cual es considerada artista del año por la Fundación Itaú, a la grabación de su tercer trabajo discográfico, "Viajera". El mismo, grabado en Uruguay y mezclado y masterizado en Argentina, fue recientemente editado por Los Años Luz de Argentina y Bizarro Records de Uruguay.

Durante toda su carrera ha realizado numerosas presentaciones y ciclos musicales tanto en su país como en el exterior.




Escuchá "Puro Verso" y "Temas Pendientes" (Click). Si te gustan, compralos.


10000 Maniacs, These are the days